Por un instante…
05 Junio, 2017

El tiempo, demasiado corto cuando estamos juntos, interminable cuando no te veo…

 

A pesar de encontrarnos en diferentes camas, esa noche nos encontramos en el mismo sueño. No perdimos el tiempo, al instante, le soltamos el bozal a nuestras ganas, dejando que nos mordieran a placer.

 

Empecé con tus labios, con fuerza, con un beso tan agresivo que destrocé todos tus miedos, seguí con tu cuello, tu espalda, tus caderas, te estrujé, te jalé el cabello, apreté tus nalgas, besé, chupé, lamí tus pechos, sentí tu cuerpo erizarse de pasión. Bajé, despacio, sin dejar un centímetro de tu piel sin mi marca, abrí tus piernas, extasiado, como quien encuentra un tesoro eternamente buscado, besé tus muslos, con mi lengua dibujé tu nombre, letra por letra, en tu sexo, profundamente, saboreando tu tibieza, tu humedad, a veces lenta y profundamente, a veces con ansías de devorarte completita, mis dedos me ayudaron, acompañaron a mi lengua, mientras una de mis manos se divertía en tus nalgas y en tu culo, te escuché gemir, me excité a más no poder el sentirte y probarte encendida…

 

Me bajaste el pantalón, liberando mi miembro endurecido, ansioso, altivo, hice a un lado tu tanga y mi sexo comenzó acariciar tu sexo, húmedo por tus fluidos, por mi saliva, mojándose, tembloroso de las ganas por penetrarte, pero no lo hizo hasta que tú me lo pediste, casi suplicando, al oído, tú misma lo tomaste con tu mano y lo introdujiste en tu cuerpo. Apreté tus nalgas, jalé tu cabello, mordí tus labios, chupé tus pezones, sin dejar de metértela, hasta el fondo, con fuerza, con un ritmo frenético…

 

Viéndote fijamente a los ojos, escuché tus gemidos, escuché todas las deliciosas obscenidades que me pedías y, encantado, cumplía…

 

Arrodillada frente a mí, con tus manos en mis nalgas y las mías entre tu cabello, vi cómo mi miembro desaparecía entre tus labios, por momentos golpeaste tu rostro con él, por momentos lo lamiste, lo chupaste, lo acariciaste, besaste, por momentos te hizo llorar mientras mi glande acariciaba tu garganta, lo bañaste de saliva, de deseo…Fue tu esclavo.

 

Mis ojos miraron fijamente los tuyos en el preciso instante en el que me vine sobre ti. Como cera tibia, mis sentimientos se deslizaron por tus labios, por tus mejillas, tu pecho, exprimiste hasta la última, antes de volvértela a meter…

 

 

Por un instante fuimos libres, por un instante fuimos nuestros…

 



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Por un instante…
Érase una vez…


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